Día de ayuno
Jornada de paso en este viernes metódico e inútil que pasa por mi vida del mismo modo que el vecino de tres calles más allá. Estoy harto de proclamar mi grandeza a la paredes, de entablar cantos ante el espejo, de escribirle a la soledad, de pensar más allá de lo infinito. Necesito un hueco en algún huerto, quizás allí en donde la virtud no se mire como una lacra. Necesito existir.Hoy no he comido, ayer estuve tomando algo por ahí con M. Ganamos algunas partidas al futbolín y volvimos a hablar de los recurrentes temas de nuestra vida. Yo con mis estupideces, y él con sus problemas. De vez en cuando soñamos que formamos una banda de rock, o de punk, mejor, que rompemos moldes y morimos jóvenes y felices. A él le gustan los Sex pistols, los Enemigos, Los planetas y Nacho Vegas.
A éste último lo vamos a ver mañana en Coruña, en un acústico. Espero entrevistarlo para la web, y también aguardo una nueva respuesta para mi vida. Algo así como, tocado, dejar de oír el constante agua, la señal del perdedor, la que amenaza mi existencia convirtiéndola en una monótona agonía, en un espasmo de irrealidad, en un átomo gigantesco de miseria vital.
Lo primero que he hecho hoy al salir de casa es dirigirme al museo de arte contemporaneo. He visto unos cuantos carteles del pasado, hermosísimos, me encantan esos diseños. He aprendido mucho, o al menos me he oído a mi mismo. También he visto porquerias artísticas, pero eso es lo de menos. Luego salí a pasear, he venido al ciber y aquí estoy, escribiendo para nada.
Se ha instalado aquí el terror. Nacho Vegas
Os dejo una imagen del imbécil de Syd Vicius, que vivió y murió como lo que era.
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