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al norte del norte

Paranoias de un europeo civilizado y educado, además de preocupado.

Paranoias de un europeo civilizado y educado, además de preocupado. ¡Ah! Que espléndido día para sentarse en el retrete de cualquier baño de este país a pensar el porqué de esto y de lo otro. Que dulce melancolía, qué escatológica forma de pensar inútilmente. Hoy he tenido un día propio de un mortal europeo. Te levantas, acompañas a tu padre a una óptica. Luego vas a otra que te acomoden las tuyas. Te joden la patilla, y cuando te das cuenta sales de la puta tienda con una gafas prestadas, de pasta y encima dando las gracias. Menos mal que uno es educado, civilizado y europeo.

Ese día del que hablaba en el post anterior hubo un gesto que me dolió en el alma. Estábamos discutiendo, o más bien, hablando con mala leche, ella dolida y yo dolido por cuestiones que no me apetece escribir porque quiero tocar la guitarra dentro de un rato y me lleva tiempo. En un momento me acerqué a ella a susurrarle un “perdóname, no era mi intención ofenderte”. Le cogí su mano, se la acaricie con dulzura, como si con eso quisiese lograr que cambiase el tono de animadversión hacia mi persona. Ella no pareció conmoverse mucho, pero yo le seguí acariciando la mano un rato, hasta que buscó su cigarro y se lo pasó a la mano que le había estado cogiendo, eso sí, con mucho disimulo. “No me vuelvas a tocar”, me decía aquel gesto. Fue ahí cuando me dije a mi mismo que había perdido el tiempo y que le estaba molestando. Y cuando dijo: “No se puede aplicar tanto simbolismo a las cosas”, yo pensaba, “el puto cigarro”. Nos fuimos y pensé miles de cosas, pocas malas. Pero vamos… esto ya es agua pasada y está olvidado. Ella y yo hemos vuelto a tratarnos con “madurez” como dice acompañada de esa sonrisa tan cautivadora que tiene.

El caso es que sin imaginarme tal prodigio en todos estos días, hemos vuelto a compartir muchas cosas juntos, entre ellas dos cenas paradisíacas en su casa, dos millones doscientos tres mil besos, y quince horas de sueños varios, como tablas con números, caras de enemigos de amigos… Ella le suele poner muchas especias a todas las comidas, y parece que le da buen resultado, porque la comida estaba básicamente deliciosa, pero sólo básicamente. Es un ser muy especial. Me encanta verla moviéndose por su casita popi, poniendo aquí esto y allí lo otro. Acercándose al ordenador y disponiendo la música que le plazca, aunque siempre se esfuerza por poner algo que sabe que me gusta. ¡Qué coño! Está en su casa y hace lo que le da la gana. No suele preguntarme como estoy, ni si he hecho algo interesante, depende de su estado de ánimo. Podríamos decir que, efectivamente, “ella es así”.

“Estamos locos” dice. Pues la verdad que sí, estamos locos. Pero a mi me gusta abrazarla y acariciarla, no sé si eso implica la locura o si lleva a la locura. Ya le he dicho que le voy a gastar la piel de tanto roce. Incluso me ha besado por iniciativa propia en algún ramalazo pasional que pensaba que ocultaba. Pero no, no es así, ella da mucho, y sabe darlo, pero se la debe dejar tranquila. “No me presiones”, me dice. Es un cielo, lo dicho.

Nacho ha sacado disco nuevo, es sencillamente "animal". Todos los temas son espléndidos. Sigo pensando que es un jodido genio. Recomendable en todas las situaciones, por ejemplo, en la que estoy yo desde aquí. En este puto retrete virtual. Les dejo una foto del artista.

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